Fueron, son y
serán. El acorde
disonante, el
renglón torcido.
Lo
inconforme e inesperado.
Destruyen
para construir. No hay quien los entienda.
Indescifrables.
Inocentes y terribles.
Inconscientes
en la mayor parte de los casos.
Han
alargado sus sombras, han alzado la vista, pero
siguen ciegos.
Miran
sin ver. Oyen pero no escuchan.
Hablan
sin comunicarse.
Se
necesitan los unos a los otros. Desesperadamente.
Hasta
hacerse daño.
No he
visto nunca tanto dolor.
Dolor
de alevosía y premeditación.
Masoquistas
por compañía, hirientes por soledad.
Quieren
saber, pero no consiguen comprender. Su historia es una historia de confusión.
No
tienen a quién preguntar, a quién dirigirse.
Ciegos
en un universo demasiado grande para abarcarlo con el pensamiento.
Un
cosmos que tratan de comprimir en la finitud de su envoltorio carnal.
Y yo no
puedo ayudarles. Porque tampoco puedo ayudarme a mí mismo.
Así
que lloro, grito, me arranco la piel a tiras.
Río,
canto y los miro. Y me miro. Con compasión.
Por
pertenecerles inevitablemente.
Por
ser uno de ellos.
este tiene "algo" que me gusta mucho
ResponderEliminar