Hubo un tiempo
en que existieron
silencios impuestos, silencios sólidos.
Materializados en hilo
y aguja.
Creados puntada a puntada
desde la punta
de la lengua hasta el final.
Silencios de miedo al dolor
de quemadura, cauterización y puntada.
Silencios fáciles en realidad.
Dolieron mucho más los otros.
Los autoimpuestos
en que aguja masoquista
que se clava
de punta a punta
cose por miedo al dolor.
Que sin el consuelo
de polvo encapsulado
cose un miedo peor
que el de una simple quemadura.
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