martes, 12 de marzo de 2013

Concepción.

Dale sangre, fría, espesa y pegajosa
que fue cálida y latente.
Dale sudor, latido arrítmico
y todas las gotas líquidas que guarda tu cuerpo
pero deja el alcohol.

Dale noches largas de pestañas quemadas
y dedos manchados.
Sábanas mojadas y sombras al acecho.

Dáselo, dáselo todo. O parirás un hijo,
bajo cuyo cadáver
no serás capaz de llorar.

Y se lo llevarán, lo destriparán, lo harán pedazos.
No habrá tan siquiera un cuerpo
que intentar recomponer.

Para eso, mejor deja la hoja en blanco.
Y baja las escaleras.

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